El TEPT es como una gran tormenta que pasó hace tiempo, pero las aguas siguen agitadas y turbias. Aunque el cielo ahora esté despejado, cada pequeño sonido del viento te recuerda el rugido de aquella tormenta. Las olas que dejó siguen golpeando la orilla, llevándose con ellas la tranquilidad. Todo parece estar en calma, pero cualquier cosa puede hacer que la tormenta regrese con toda su fuerza.
Cada relámpago repentino puede ser un recuerdo intrusivo, esos fragmentos del pasado que aparecen sin previo aviso, interrumpiendo el presente. El trueno que retumba podría representar los flashbacks, momentos en los que uno se siente transportado de vuelta al ojo de la tormenta, reviviendo el miedo y el caos

Las aguas turbias simbolizan la dificultad para concentrarse, como tratar de ver a través de un océano agitado, donde todo se siente borroso y fuera de control. La sensación constante de alerta y la hipervigilancia son como esperar la próxima ola, siempre atento, siempre preparado para lo peor, aunque el horizonte parezca en calma.
La fatiga que deja esta tormenta interminable puede manifestarse en insomnio y pesadillas, como tratar de dormir en medio del estruendo, incapaz de encontrar descanso. La irritabilidad y los arrebatos de ira son como las ráfagas de viento que, de repente, te golpean con fuerza, sacudiendo tu estabilidad.
Afrontar la vida cotidiana mientras se enfrenta a estas tormentas internas puede parecer abrumador, pero con el apoyo adecuado, es posible aprender a navegar a través de ellas y encontrar la paz.
Las nubes que vuelven a oscurecer el cielo representan la evitación: el esfuerzo constante por esquivar lugares, personas o situaciones que puedan desencadenar recuerdos dolorosos, como si al evitarlos, se pudiera mantener la tormenta a raya. Pero, al igual que las nubes, estas evitaciones no hacen más que oscurecer el horizonte de nuevo
La tormenta que parece eterna también puede simbolizar la desesperanza, esa sensación de que nunca habrá un final a este ciclo de turbulencia. Pero es crucial recordar que, con el apoyo adecuado, es posible calmar las aguas y disipar las nubes.

